domingo, 4 de noviembre de 2012

Campos de fresas

— ¿Sois los que estabais con Luciana Salas?

Lo miraron los tres, sorprendidos. Era como si hubiera aparecido allí de improviso, materializándose en su presencia.

—Sí —reconoció Máximo.

—Inspector Espinós —se presentó el hombre—. Vicente Espinós.

  ¿Policía? —se extrañó Santi.

— ¿Qué creéis? —hizo un gesto explícito—. Se trata de un delito, ¿no os parece?

Cinta estaba pálida.

—Nosotros no hemos hecho nada —se defendió.

El hombre no respondió a su aseveración.

— ¿Quién os dio esa pastilla? —preguntó sin ambages.

Los tres se miraron, inseguros, acobardados, indecisos. El policía no les dejó reaccionar. Su voz se hizo un poco más ruda. Sólo un poco. Nada más. Suficiente.

—Oídme: cuanto antes me lo contéis, antes podré hacer algo. Puede que os vendieran cualquier cosa adulterada, ¿entendéis? Para que esta noche no acabe nadie más como vuestra amiga, depende de lo que ahora hagamos. Es más: si conseguimos una pastilla igual a la que se tomó ella, es probable que la ayudemos a recuperarse.

—No lo conocíamos —dijo Cinta.

— ¿Qué aspecto tenía? —Pues... no sé —miró a Santi y a Máximo en busca de ayuda.

—Era un hombre de unos treinta años, puede que menos, no tengo buen ojo para eso —se adelantó Máximo—. Me pareció normal, vulgar. Todo fue muy rápido, y estaba oscuro.

The Beatles – Strawberry Fields Forever (Spotify)




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